viernes, 7 de enero de 2011

Año Nuevo: club de escritura para parvúlos 2

Hola a Todos, Un feliz Año, mi deseo es que este año continuemos con este Blog y nos reunamos muchas veces con esta escusa de la Literatura.

Como propuesta para este año sigo insitiendo en el club de escritura para parvúlos, les traigo la siguiente propuesta:

-Intentemos elaborar cada uno un cuento extra-corto (Ver ejemplos) , con la siguiente metodología, se publica el boceto incial y los demás críticamos (Constructivamente) hasta obtener una propuesta aceptable.
-Para darle más emoción y algun cronograma (En alguna fecha del año de acuerdo a la agenda de cada uno)he encontrado muchos concursos de cuento corto por internet:

Primer concurso de cuento corto “Mi barrio”
http://www.barriosdebogota.com/concurso-de-cuento-corto-mi-barrio/
Fecha: 1 de febrero de 2011

CONCURSO LITERARIO BONAVENTURIANO DE POESÍA Y CUENTO
http://usbvirtual.usbcali.edu.co/
Fecha: día 5 de Marzo de 2011

-Para que vean que es posible les voy a publicar dos ejemplos.

Espero que esta propuesta coja fuerza para revivir nuestro Club ICARO y visiten el BLOG

Un abrazo.

2 comentarios:

  1. LADRÒN DE SÀBADO (Tomado del Taller de guión de Gabriel Garcia Marquez Cómo se cuenta un cuento)

    LADRÒN DE SÀBADO
    Hugo, un ladrón que sólo roba los fines de semana, entra en una casa un sábado por la noche. Ana la dueña, una treintañera guapa e insomne empedernida, lo descubre in fraganti. Amenazada con la pistola, la mujer le entrega todas las joyas y cosas de valor y le pide que no se acerque a Pauli, su niña de 3 años. Sin embargo la niña lo ve y él la conquista con algunos trucos de magia. Hugo piensa: “¿Por qué irse tan pronto, si sé esta tan bien aquí?”… podría quedarse todo el fin semana y gozar plenamente la situación, pues el marido –lo sabe porque los ha espiado –no regresa hasta el domingo en la noche de su viaje de negocios. El ladrón no lo piensa mucho, se pone los pantalones del señor de la casa y la pide a Ana que cocine para él, que se saque el vino de la cava y que ponga algo de música para cenar, porque sin música no puede vivir.
    Ana, preocupada por Pauli, mientras prepara la cena se le ocurre algo para sacar al tipo de su casa. Pero no puede hacer gran cosa porque Hugo cortó los cables del teléfono, la casa está muy alejada, es de noche y nadie va a llegar. Ana decide poner una pastilla para dormir en la copa de vino de Hugo. Durante la cena, el ladrón, que entre semana es velador de un banco, descubre que Ana es la conductora de su programa favorito de radio, el programa de música popular que oye todas las noches, sin falta. Hugo es un gran admirador y, mientras escuchan al gran Benny cantando ¿Cómo fue? En un casete, hablan sobre música y músicos. Ana se arrepiente de dormirlo pues Hugo se comporta tranquilamente y no tiene intenciones de lastimarla ni violentarla, pero ya es tarde porque el somnífero ya está en la copa y el ladrón la bebe toda muy contento. Sin embargo, ha habido una equivocación y quien a tomado la copa con la pastilla es ella. Ana se queda dormida en un dos por tres.
    A la mañana siguiente, Ana despierta completamente vestida y muy bien tapada con una cobija, en su recamara. En el jardín, Hugo y Pauli juegan, ya que han terminado de hacer el desayuno. Ana se sorprende de lo bien que se llevan. Además, le encanta como cocina ese ladrón que, a fin de cuentas, es bastante atractivo, Ana empieza a sentir una extraña felicidad.
    En esos momentos pasa una amiga para invitarla a correr Hugo se pone nervioso pero Ana inventa que la niña está enferma y la despide de inmediato. Así los tres se quedan juntitos en casa a disfrutar del domingo. Hugo repara las ventanas y el teléfono que descompuso la noche anterior, mientras silba. Ana se entera de que el baila muy bien el danzón, baile que a ella le encanta pero que nunca puede practicar con nadie. Él le propone que bailen una pieza y se acoplan de una manera que bailan hasta ya entrada la tarde. Pauli los observa, aplaude, y finalmente se queda dormida. Rendidos terminan tirados en un sillón de la sala.
    Para entonces ya se les fue el santo al suelo, pues es hora de que el marido regrese. Aunque Ana se resiste, Hugo le devuelve casi todo lo que había robado, le da algunos consejos para que no se metan en su casa los ladrones y se despide de las dos mujeres con no poca tristeza. Ana lo mira alejarse. Hugo esta por desaparecer y ella lo llama a voces. Cuando regresa le dice, mirándolo muy fijo a los ojos, que el próximo fin de semana su esposo va a volver a salir de viaje. El ladrón de sábado se va feliz, bailando por las calles del barrio, mientras anochece.

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  2. Für Elise
    (Ganador del primer concurso de cuento corte convocado por intermedio editores y el diario el Tiempo.)
    Desde que baje del autobús comencé a escuchar los acordes del piano. Los escuche mientras daba vuelta a la manzana buscando la entrada de la mansión.
    En el sendero del jardín escuche, con mayor intensidad, los arpegios, las escalas y bemoles. Entonces vi por primera vez a la señora Elisa. Estaba de pie, junto a la puerta de la casa con los brazos cruzados. Parecía estar de mal humor por mi demora.
    Me había contratado para que le hiciera un retrato al oleo. Mientras me conducía al estudio de pintura, pasamos por desolados aposentos recargados con adornos coloniales, utensilios de cerámica prehispánica, cuadros de pintores contemporáneos, bibliotecas con todas las partituras de Beethoven y los libros de la enciclopedia británica. Sin embargo en ningún lugar había un ser humano. Ella parecía habitar solitaria en ese extenso jardín que ningún pie hollaba, esa colección de muebles donde nadie descansaba, esos salones que permanecían vacios. Entonces pasamos junto a la puerta de la sala de música. Me detuve un instante a ver el anónimo pianista que tocaba con los ojos cerrados, mientras deslizaba sus dedos por el teclado con una facilidad envidiable. El músico abrió los ojos y regreso a mirarme suplicante, como un condenado a muerte en espera de un milagro.
    En ese instante la señora Elisa dio dos golpecitos en el piso con su zapato y me hizo seguirla hasta un estudio situado al norte de la casa donde me aguardaba el caballete. Era un lugar agradable con una claraboya por donde entraba la luz de la mañana. Abrí mi estuche con los oleos, los pinceles, la paleta y olvide al pianista cuya música continuo sin interrupciones hasta el anochecer.
    Trabaje todo el día con el retrato. Daña Elisa posaba frente a mí en silencio, cosa que agradecí, pero a medida que avanzaba, escrutar su impenetrable rostro resultaba cada vez más difícil.
    No me dio respiro ni siquiera para comer y a las seis de la tarde me llevo al dormitorio de huéspedes. El pianista venia en ese momento por el corredor y escurrió un papel entre mi mano sin que la señora Elisa lo notara.
    Sentado en la cama leí el mensaje. Era escueto y alarmante, contenía cinco palabras: estoy atrapado ayúdeme por favor.
    A la mañana siguiente. Mientras escuchaba la primera sonata del día, trate de encontrar algún sentido a esa nota de auxilio. Al poco tiempo vino la señora Elisa a buscarme para continuar mi labor.
    Cuando pasamos frente a la sala de música, doña Elisa cerró la puerta. Me pareció escuchar un error en la interpretación, pero tal vez fue solo imaginación mía. En todo caso fue lo último que percibí antes de ser encerrado en el estudio de la torre norte, rodeado de pinceles, oleos y lienzos, bajo la hermosa claraboya por donde todas las mañanas entra la luz del sol.
    Esto sucedió hace algunos años. Sin embargo lo recuerdo con toda nitidez porque desde entonces no he hecho otra cosa que intentar satisfacer a doña Elisa, sin éxito, y pintar y pintar esclavo de este caballete, escuchando, a toda hora, una sonta de Beethoven interpretada por otro esclavo.

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