Los maleantes sellan la paz untando
sangre de animal en sus bocas, los ataúdes cuelgan de los árboles,
la niebla devora indolente a los montañistas, las canciones
milenarias agonizan en las villas más pequeñas y lejanas mientras
son alcanzadas por la censura. China inconmensurable, atemporal, la
nostalgia de cientos de pueblos que se amalgaman y que de manera
inexplicable conforman un solo país. Este es el marco de dos viajes
simultáneos, que en un contrapunteo van tejiendo una historia sin
comienzo ni fin, cómo corresponde al país más poblado del planeta.
El primer viaje se pregunta por la cultura, por la naturaleza y por
la búsqueda de la pureza en lo natural, lo puro debe estar en la
montaña sagrada de la que nadie parece haber regresado. El segundo
viaje explora el amor, la psicología de los géneros y las
historias, reales o no, que han tallado durante milenios formas y
límites claros entre lo masculino y lo femenino. La tensión
permanente entre hombre y mujer, la conquista, el erotismo, los
desencuentros y desamores hacen de este segundo viaje a la montaña
del alma, una montaña rusa, armada sobre los temores, los instintos
y la presión social que imponen la familia y la moral.
Tenemos así dos narradores, uno en
primera persona: El escritor que rescata canciones antiguas antes de
que sean cantadas por última vez, el hombre que busca la montaña
afuera, en un lugar de su inmensa China, tal vez cerca a donde han
visto al hombre salvaje. El otro narrador, el romántico, usa la
inusual segunda persona. " Ni tu mismo sabes a ciencia cierta
por qué has venido aquí.", esto le permite al autor hacer
cambios de ritmo, de lugar y de tema, de matizar sus personajes,
mientras mantiene un lenguaje fresco y muy directo. Esta simpleza
en el lenguaje, esta ausencia de retórica era indispensable para que
pudieran convivir tantas historias breves y tanta geografía sin
disminuir el ánimo del lector.
Está tacaña descripción del libro no
alcanza a reflejar la riqueza temática y estructural de la novela,
busca más bien motivar la lectura de la obra maestra de un premio
nobel, dramaturgo , pintor y escritor, quien suma todas sus artes a
la hora de leer el momento, el ayer y el territorio de su patria. Sin
duda la obra es muy personal, el autor nos comparte lo que lleva en
su piel, en sus recuerdos, en sus ideas políticas y en la
responsabilidad que le atribuye a su trabajo, cómo dijo Cortazar, la
historia la escribe el poder, la novela es uno de los últimos
reductos de libertad y Gao Xingjian lo aprovecha al máximo.
Que buena reseña la que has hecho del libro. Con esta óptica, propia de conocedores, me han dado ganas de volver a leer el libro. Gracias por compartirlo.
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