domingo, 5 de agosto de 2012

La montaña del alma.


Los maleantes sellan la paz untando sangre de animal en sus bocas, los ataúdes cuelgan de los árboles, la niebla devora indolente a los montañistas, las canciones milenarias agonizan en las villas más pequeñas y lejanas mientras son alcanzadas por la censura. China inconmensurable, atemporal, la nostalgia de cientos de pueblos que se amalgaman y que de manera inexplicable conforman un solo país. Este es el marco de dos viajes simultáneos, que en un contrapunteo van tejiendo una historia sin comienzo ni fin, cómo corresponde al país más poblado del planeta. El primer viaje se pregunta por la cultura, por la naturaleza y por la búsqueda de la pureza en lo natural, lo puro debe estar en la montaña sagrada de la que nadie parece haber regresado. El segundo viaje explora el amor, la psicología de los géneros y las historias, reales o no, que han tallado durante milenios formas y límites claros entre lo masculino y lo femenino. La tensión permanente entre hombre y mujer, la conquista, el erotismo, los desencuentros y desamores hacen de este segundo viaje a la montaña del alma, una montaña rusa, armada sobre los temores, los instintos y la presión social que imponen la familia y la moral.

Tenemos así dos narradores, uno en primera persona: El escritor que rescata canciones antiguas antes de que sean cantadas por última vez, el hombre que busca la montaña afuera, en un lugar de su inmensa China, tal vez cerca a donde han visto al hombre salvaje. El otro narrador, el romántico, usa la inusual segunda persona. " Ni tu mismo sabes a ciencia cierta por qué has venido aquí.", esto le permite al autor hacer cambios de ritmo, de lugar y de tema, de matizar sus personajes, mientras mantiene un lenguaje fresco y muy directo. Esta simpleza en el lenguaje, esta ausencia de retórica era indispensable para que pudieran convivir tantas historias breves y tanta geografía sin disminuir el ánimo del lector.

Está tacaña descripción del libro no alcanza a reflejar la riqueza temática y estructural de la novela, busca más bien motivar la lectura de la obra maestra de un premio nobel, dramaturgo , pintor y escritor, quien suma todas sus artes a la hora de leer el momento, el ayer y el territorio de su patria. Sin duda la obra es muy personal, el autor nos comparte lo que lleva en su piel, en sus recuerdos, en sus ideas políticas y en la responsabilidad que le atribuye a su trabajo, cómo dijo Cortazar, la historia la escribe el poder, la novela es uno de los últimos reductos de libertad y Gao Xingjian lo aprovecha al máximo.

1 comentario:

  1. Que buena reseña la que has hecho del libro. Con esta óptica, propia de conocedores, me han dado ganas de volver a leer el libro. Gracias por compartirlo.

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